La innovación exitosa requiere una gestión del fracaso

21 de junio 2024

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Hace dos años tuve la oportunidad de estar en la Universidad Internacional de la Florida en una certificación de transformación digital. En este foro participamos cerca de 40 profesionales, entre empresarios y gerentes de más de 10 países de Latinoamérica. El objetivo principal de la certificación fue buscar cómo aprovechar los nuevos modelos de negocio que la tecnología de la información nos permite crear. No se trata simplemente de tener una aplicación móvil, un chatbot o un robot, sino de cómo mejoramos la calidad de vida de nuestros clientes y colaboradores resolviendo problemas y satisfaciendo necesidades insatisfechas.

Discutimos cómo, en los países de Latinoamérica, los taxistas se quejan de Uber, ya que, según ellos, representa una competencia desleal. Entre los temas importantes que se abordaron, destaca la dificultad de los negocios tradicionales para competir con estos nuevos modelos de negocio. Las huelgas y las agresiones contra el personal de Uber reflejan los desafíos que enfrentan al intentar adaptarse a un servicio que muchos consideran más seguro, económico, conveniente y eficiente.

Otra parte de lo que tratamos es el origen de las grandes innovaciones como Uber, Netflix, Alibaba, Amazon, entre otras, que se dan en regiones diferentes a Latinoamérica. Uno de los puntos importantes discutidos es que en Latinoamérica, en general, se castiga el fracaso. Cuando alguien emprende y fracasa, el mercado lo tacha de ser un total fracasado, lo que lo marcará por un largo tiempo.

Por el contrario, en muchos países más desarrollados, el fracaso es algo que se busca gestionar. El fracaso es aprendizaje; existen términos como “si vas a fracasar, que sea rápido y que aprendas nuevas formas de hacer las cosas”. Thomas Edison tuvo que realizar miles de ensayos antes de inventar la bombilla incandescente, base de la energía eléctrica actual, pero este proceso lo llevó a tener 1,093 patentes.

Gestionar correctamente el fracaso dentro de una empresa ofrece numerosos beneficios. En primer lugar, fomenta una cultura de innovación y experimentación, donde los empleados se sienten seguros para probar nuevas ideas sin miedo a represalias. Esto puede conducir a descubrimientos y avances significativos que impulsan el crecimiento y la competitividad de la empresa.

Además, aprender de los errores permite identificar y corregir rápidamente las debilidades, mejorando los procesos y productos. La gestión del fracaso también fortalece la resiliencia organizacional, preparando a la empresa para enfrentar futuros desafíos con una mentalidad proactiva y adaptable. Finalmente, al valorar el fracaso como una oportunidad de aprendizaje, se promueve el desarrollo continuo de habilidades y conocimientos entre los colaboradores, lo que incrementa la motivación y el compromiso con los objetivos de la empresa.

Así que consideramos que se debe buscar desde la academia cómo se incentiva y enseña la gestión del fracaso. Las personas y las empresas tienen que estar dispuestas a presupuestar la posibilidad de un fracaso en los nuevos proyectos. Sin embargo, la gran recompensa de la constancia, la disciplina y el aprendizaje constante trae grandes retornos de inversión, lo que nos permitirá crear nuevos modelos de negocio que resuelvan problemas globales inventados desde Latinoamérica.

Ing. Edgar Santos.

Director Comercial BDG


Lcda. Gabriela Bradna

Consultora BDG

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